domingo, 27 de mayo de 2007

Prólogo algo largo para el epitafio de un sapito.

Del 16 al 20 de mayo se jugó en Berlin el Unicorn Open, torneo suizo a 7 rondas, fuerza única y con un ritmo de juego de 2 horas para 40 jugadas y una hora para terminar la partida. Se dieron, además de los premios a los seis primeros clasificados, premios a los dos mejores clasificados con menos de 1900 puntos de rating nacional, los dos mejores con menos de 1600, los dos mejores juveniles, así como un premio a la mejor mujer y al mejor anciano (y escribo anciano porque son, en efecto, abuelitos. Me purgan esa falsa corrección política que se expresa en eufemismos ridículos, que convierte a un anciano en un "senior", que es la deformación aglosajona de la palabra española "señor", o en un "adulto mayor". )

El torneo empezó a jugarse en 2000, y cada vez ha sido más concurrido. Este año empezamos 86 tableros. El torneo estuvo muy bien organizado (igual que el año pasado), aunque también he de decir que no he jugado otro torneo en Alemania, por lo que en realidad no tengo con qué comparar. No sé cómo se juegue ahora en México (y ojalá alguien me ilustre al respecto), pero acá uno lleva únicamente la pluma, porque los ajedreces ya están colocados sobre todos los tableros y los relojes al lado, listos para ser usados. Por un lado, es más ccómodo esto a estar cargando el ajedrez y el reloj propios, pero por otro lado, le quita algo de sabor o, si se quiere, de pintoresquismo al asunto. Recuerdo muchos torneos en México con jugadores (en tercera o cuarta fuerza) que llevaban su ajedrez casi de viaje, con el resultado de que parecía que estaban mirando un tablero sin piezas pero con algunas migajas desperdigadas. O al contrario, tipos que acomodan un ajedrez enorme sobre un tablero normal. Eso era muy simpático de ver.... O qué decir de los alaridos de los jueces en México: "¡DeeFAAAAULTS!!!" y los "sh, sh, shhhhh" que se prolongaban unos 5 ó 10 segundos. Eso es genial.
Retomando el tema de los relojes. El año pasado había relojes mecánicos en todas las mesas excepto en las primera 20 ó 25, en las que el reloj era electrónico. Ahora hubo relojes electrónicos en todas las mesas. Eso me ponía nervioso (y cómo no, si vengo de la capirucha) pero ninguno fue robado. Una vez en México me levanté a entregar una papeleta al juez y en esos segundos me volaron una chamarra del respaldo de mi silla, por ejemplo.
El pareo también estaba listo unas horas después de terminada cada ronda, y cada noche podíamos ver en internet el pareo de la mañana siguiente y eventualmente prepararnos con alguna base de datos. También se publicaban en internet todas las partidas de cada ronda. Un muy buen esfuerzo, en pocas palabras.

Esta fue la sala de juego. La pantalla al fondo muestra los resultados de cada ronda. bastaba entregar las papeletas y la hojita de resultado, y en cuestión de segundos los jueces actualizaban la pantallita.

Frente a ella estaba "el corral", de tres mesas únicamente.
Y atrás la mesa de jueces.
Jugamos en una especie de parque industrial por el noreste de Berlín, que tiene un comedor bastante agradable, con una pequeña terraza. Como el clima resultó muy soleado, parecía balneario. Nótese la botella de cerveza en la mesa del primer plano.
Finalmente, aprovechando el buen tiempo (el termómetro andaba por los 25-28°C y sin una sola nube), la empresa que regentea el comedor nos puso hasta una parrillada frente a la sala de juego. Insisto, parecía balneario.

Unas palabras en torno a las costumbres de los nativos de estas tierras: muchos no suelen analizar con el rival. Como que no se les da eso de los post mortem. Algunos sí (en realidad fue uno nada más), y con quien lo hice, hice también buenas migas, lo que siempre es bueno para tener conocidos que posiblemente se vuelvan amigos en un país en el que estás solo. Pero muchos simplemente se levantan y se van. A lo más, dirán frases corteses como "bien jugado" o "muy interesante partida", y ya. Eso me parece francamente lamentable.

Como lamentable fue mi actuación. Empecé con dos pepinos, luego le gané a un entrenador buena onda y a su alumnito (un niño cagadísimo de nueve años) para perder estrepitosamente ante un tipo con un peinado de Rigo Tovar pero canosón. Le gané la penúltima partida a un sueco permanentemente exaltado (ahí tienen para lo que sirven los clichés sobre "el caracter nacional de...") para perder de fea manera la última ronda. Todo se confabuló en mi contra desde el principio. Si hubiera sabido leer las ominosas señales que el Destino me envió, me hubiera dado de baja antes de la primera ronda... Empecé mal: llegué tarde a la primera ronda por unos 40 minutos y no me encontré en el pareo. Resulta que aunque ya estaba inscrito, tenía que haber llegado antes del inicio para confirma mi participación.
Pues me parearon contra otro tipo que también llegó tarde. Hablaba inglés y era pelirrojo. ¿Será escocés?, pensé, pero no tenía acento como de integrante de Jethro Tull. Resultó ser un estadunidense de Indiana que visita este verano a su tío, que es profesor de canto en la facultad de música de una universidad berlinesa. Me dijo que es el único ajedrecista en su ciudad natal (en cuanto dijo esto me imaginé una ranchería) y que por eso aprovecha para jugar en Europa. También da clases de ajedrez a niños pequeños, para sembrar ajedrez, con la esperanza de cosecharlo en unos años. Se supone que tenía que ganarle con facilidad, porque tiene "únicamente" 1783 puntos de rating. La partida fue un verdadero suplicio para mí, como el resto del torneo. Ya iré sacando mis partiditas, para que sirvan de advertencia a no sé quién.

viernes, 11 de mayo de 2007

A vuelapluma...

El domingo pasado terminó mi calvario en la presente temporada del campeonato alemán por equipos. Perdí con negras una española variante del cambio sin meter apenas las manos, porque regalé mi peón de e5 en una jugada y mi posición de desmoronó. Hice, jugando, apenas el 50% de los puntos. Y si consideramos que perdí la primera partida por default, le quedé debiendo al equipo, y mucho. Me queda la esperanza de jugar bien en el torneo Unicornio, que empieza el próximo miércoles. El año pasado lo jugué bastante bien y logré 5 de 7 puntos posibles ante una oposición con un rating alemán (acá le dicen DWZ) promedio de 2001.

Pasando a temas más urgentes: mi tutor de tesis no lee nada de lo que le entrego, pero en cambio hallé en la doctora Sartorti a una excelente consejera. Lástima que sea demasiado tarde para cambiar de direcvtor de tesis, y además ella no puede dirigir tesis de doctorado, porque no se ha "habilitiert", como se dice acá y no sé qué fregaos es eso en español. Ando también preparando unos articulillos para unas conferencias que habrá en la segunda mitad del año. Una será muy interesante, con varios de los autores que he consultado para mi tesis como ponentes. Sería, pues, interesantísimo y harto provechoso ver y escuchar en persona a estos tipos que tanto he leído, sobre todo si tenemos la posiblidad, los simples mortales, de debatir y discutir con ellos. Porque una cosa es apreciarlos como autores y otra cosa es estar de acuerdo con todo lo que dicen...

miércoles, 4 de abril de 2007

Cuando se tiene suerte, se tiene.

El domingo 25 de marzo nuestro equipo, el TuS Makkabi Berlin, se enfrentó al equipo BSV 63 Chemie Weissensee e.V. Los nombres son larguísimos y sigo sin entender qué significan tantas siglas. Por lo pronto, ya descubrí que "SC" significa "Schach Club", o sea, "club de ajedrez", y que "SF" significa algo un poco más curioso: "Schachfreunde" o "amigos del ajedrez". Una denominación un poco infantil, diría yo, pero parece que en alemán suena de lo más normal. Pues bueno...

Este equipo, el Chemie Weissensee, es el colero y por mucho. No ha ganado un solo enfrentamiento, y ya lo habían apaleado 1-7 dos veces e incluso 0.5-7.5 en otra ocasión. Así que no dudábamos de que fuéramos a ganar. Y en efecto ganamos 7-1, aunque debimos haber perdido un punto porque en el octavo tablero no llegó nuestro jugador. Como tampoco apareció el octavo jugador del rival, debió haberse registrado un doble cero, uno por equipo, y marcarse un 6-1 final a nuestro favor. Sin embargo nuestros rivales, que por ser el equipo de casa tenían que llenar los papeles para la federación berlinesa de ajedrez, creyeron que su jugador, por llevar blancas, perdió por default. En pocas palabras, nos regalaron un punto.

Otra grata sorpresa: el señor Zaydentreger, que había perdido de todas, todas, reapareció en nuestro séptimo tablero y volvió a perder. Ahora lleva 0 de 7 posibles y, si juega en la útlima ronda, tiene chances de quedar nada más y nada menos que en 0 de 8, lo que sería memorable. Lástima que no haya jugado en la séptima ronda.

La partida que tuve la suerte de ganar fue muy floja, pero por lo menos me aclaró algo sobre mi variante preferida. Volví a cargarme de tiempo, aunque siempre tuve uno o dos minutos más que mi rival. Pimponeamos las últimas jugadas antes del control y su banderita se cayó en cuanto hizo su jugada 41. Con un juez presente, hicimos lo siguiente: apuntamos los dos la posición sobre el tablero y a continuación fuimos a otro cuarto. Ahí reprodujimos las jugadas y aprovechamos para apuntar las jugadas que habíamos pimponeado y que el juez apuntó durante nuestro apuro. Luego comparamos ambas posiciones, la que nostros vimos en el tablero y la resultante de la reproducción, dijimos órale, es la misma, y regresamos al juego. Todo muy limpio y sin aristas. Buen juez, diría yo. Mi rival se rindió pocas jugadas después. De hecho, pudo haber quedado muy superior en por lo menos dos momentos, pero falló en hallar continuación adecuada y al final cayó en solito en una coyota que yo venía zopiloteando desde hacía unas tres jugadas.

Ahora iremos contra el líder del torneo, el Rotation Pankow. Nosotros llevamos 8 "puntos de equipo" (Mannschaftspunkte: 2 puntos por enfrentamiento ganado, 1 por un empate y 0 por un pepino), y 33 "puntos de tablero" (Brettpunkte: la suma de los puntos obtenidos, igualito como en las olimpiadas hasta ahora). Nuestro rival se va a dejar ir con todo sobre nostros, porque está empatado en primer lugar (14 puntos) con otro equipo, el Berolina Mitte, y la diferencia la hacen los puntos de tablero: 46 para el Rotation Pankow por 41,5 del Berolina Mitte. El problema para Pankow es que el Berolina Mitte cierra precisamente contra el Chemie Weissensee, el equipo que todo mundo destroza, y se pronostica que Berolina también lo pulverizará 7-1 o incluso 8-0. En cambio, el Rotation Pankow tendrá que esforzarse un poco contra nosotros. de hecho, si le empatamos, el Berolina Mitte ganará la liga y ascenderá a la categoría siguiente. Aunque ya no luchemos por nada, podemos tener la última palabra en el campeonato. Uy.

jueves, 15 de marzo de 2007

Una de la cal por otra de arena

Primero lo primero y eso es, por el momento, el hecho de que sí me prolongaron la beca, por seis meses. Sí termino el doctorado en ese tiempo, pero los trámites (que imagino medio complicadones), por no hablar de las correcciones, me llevarán definitivamente más tiempo.

Lo más peliagudo ahora es la extensión del trabajo. Yo quería hacer algo muy compacto, de algo más de cien páginas, pero parece que a mi profesor le gustan las tesis extensas, de entre 300 y 400 páginas. El tema al que me dedico da para eso y más, cierto, pero habrá que tener cuidado con no caer en simple rollo. Habrá que desarrollar todas las ideas pero sin perderse en una selva de pequeños detalles. La crítica a la modernidad y Rusia es un tema amplísimo y que fácilmente puede salir de las fronteras de lo histórico para entrar en la filosofía de la cultura. Y aquí sí que entramos en lo meramente especulativo, que no me gusta mucho que digamos. Pero de que salen 400 páginas, salen.

Lo menos importante pero más desagradable fue la paliza que me dieron el domingo 11 de marzo en la séptima y antepenúltima ronda del campeonato de Berlín por equipos. Si nuestro equipo ya no aspiraba a ganar, por lo menos podíamos aún hacer un excelente papel. Pues perdimos y estamos de nuevo en "-1", con tres enfrentamientos ganados y cuatro perdidos. Nuestro verdugo fue el equipo "Queer Springer", que es de los fuertes aunque no el mejor.

Y eso que de nuevo ganamos por default en el primer tablero. En el segundo volvió a perder Georg, quien parece estarse desinflando. Empezó meteóricamente, con 3 de 3 y luego 3.5 de 4. Ya perdió tres partidas consecutivas y quedó en el 50% de los puntos posibles. En el tercer tablero perdió, también de nuevo, Mijaíl Savlin, que está jugando francamente un mal torneo (como muchos de nosotros, por cierto). Lleva 2.5 de 7 posibles y aunque no está nada contento, no pierde la presencia de ánimo. Tiene un hijo de unos cuatro años, simpatiquísimo. En el cuarto ganamos y Grigori Gorodetsky se confirma como uno de los pilares del equipo. Si en la ronda pasada le regalaron una torre cuando Grigori bien podría haberse rendido, ahora ganó bien. Lleva 4 de 6 puntos posibles. Aleksander Ardemann ganó en el quinto tablero y alcanzó el 50% de los puntos y se va recuperando. Ojalá gane las dos últimas partidas. Es un jugador muy interesante: casi siempre obtiene posiciones medio dudosas, luego pierde o sacrifica muy especulativamente uno o dos peones (a veces una calidad incluso), y luego complica el juego para terminar ganando. Lástima que no pude ver cómo ganó esta vez, porque me quedé en que tenía peón de menos, peón aislado en d5, el alfil malo (era la única pieza menor que quedaba, contra un alfil de distinto color) y su torre en d8 recargándose en su propio peón de d5. Su única pieza activa era su dama. Pues jugó Rh8 y acto seguido f5, luego f4, complicó y ganó. Ver para creer.

En los dos últimos tableros sufrimos dos decepciones. En el octavo perdió un suplente. Bueno, ya ni modo. Pero en el séptimo entabló otro suplente que, para mi gran decepción, se presentó en lugar del señor Leonid Zaydentreger, que llevaba 0 de 6. Yo esperaba presenciar una caída de magnitudes bíblicas, una tragedia cuasishakespeareana al ver a un jugador perder de todas todas, pero naranjas. O se enfermó o se hartó de las surtidas que le recetaban sus rivales, pero Zaydentreger no jugó y ya no podrá quedar en 0 de 9. Otro punto culminante que se nos fue.

Yo, en el sexto, pasé la vergüenza de perder por tiempo en la jugada 27. En posición deshauciada, además. Hacía muchos torneos y varios años que no perdía contra una Najdorf, pero ahora caí, y lo hice estrepitosamente. Lo más doloroso fue que en los momentos claves de la partida elegí mal. Ni calculé, simplemente miraba el tablero y de manera totalmente impulsiva hacía una jugada, confiando en que "de alguna manera ya terminaré ganando". Fue un suplicio. Otro detalle desazonador: mi repertorio de aperturas es casi prehistórico: mi obra de referencia es el libro de la defensa siciliana, variante Najdorf, de la colección Escaques, editorial martínez Roca, de 1972. Ese libro es más viejo que yo. Y más flaco. Con razón perdí. Mi rival, Olaf Eberhardt (2105 Elo, 2070 ráting alemán) jugó bien, pero tampoco le exigí demasiado. Se limitó a castigarme con rudeza y exactitud por mis idioteces.

Manuel García-Olaf Eberhardt
1. e4 c5; 2. Cf3 d6; 3. d4 cd4; 4. C:d4 Cf6; 5. Cc3 a6 Aquí descansé. Cualquier otra variante de la siciliana se me indigesta mucho más que la Najdorf. 6. Ag5 e6; 7. f4 Ae7; 8. Df3 Dc7; 9. 0-0-0 Cbd7; 10.Ae2 ... Mi variante favorita. Con esta línea, que no es la principal, he ganado cuatro partidas y empatado dos. Jamás he perdido y en las que empaté lo hice desde la posición de fuerza. Pero eso siempre ha sido después de la réplica 10. ... b5. Ahora, en cambio, mi rival jugó
10. ... 0-0

García - Eberhardt luego de 10. ... 0-0

Aquí se me acabó la teoría. Creía que el enroque negro estaba refutado, porque las negras caían bajo un ataque demoledor. El problema consistía en que ni recordaba la supuesta refutación, ni veía cómo demonios podía desatar un "ataque demoledor". Esta partida se jugó en Berlín, aunque tengo muchos de mis libros en Bonn, ciudad en la que vive y trabaja Jeanne y en la que está lo que podemos considerar nuestro hogar. Pues en Bonn tengo mi librito de la colección Escaques sobre la variante Najdorf. Hace como una semana pude por fin conslultarlo y oh decepción: no hay refutación contra esta jugada. De hecho, ni se menciona. Conclusión: perdí como 20 minutos intentando recordar algo que jamás he leído y buscando lo que no existe (si de veras existe, avísenme compadres)


El blanco tiene muchas jugadas, pero las más agresivas y coherentes deben ser 11. g4 y 11. Dg3. Estuve pensando esta última, para a 11. ... b5 seguir con 12. e5 de5; 13. fe5 C:e5 (13. ...D:e5? 14. Cc6) 14. Af3 (14. Af4 Ad6 y aguas con la amenaza 15. ... Cd3+) 14. ... Ta7 (me parece mejor que 14. ... Tb8, porque la dama queda protegida y además no queda en la foto del alfil que a continuación irá a f4) 15. Af4 Ad6 y ahora falla el golpe 16. Cc6 por el contragolpe 16. ... Cd3+ y ganan las negras. Por eso tendría que seguir con 16. Cde2 (para defender el alfil de f4 y además para eliminar mediante T:d6 uno de los pilares del caballo de e5), pero luego de 16. ... b4 ya me empecé a hacer bolas en mi análisis y decidí que mejor nanay, que eso estaba ya demasiado complicado para mi escueta capacidad de cálculo. De hecho, sigo sin saber si es una buena continuación o no. Podría seguir en efecto 17. T:d6, pero el negro quita su pieza atacada matando, con 17. ... C:f3, y no veo destapones útiles con la torre de d6. Si tomo 18.T:e6 el negro se carcajea con 18. ... Da5, y tengo dos piezas atacadas, y si abro la columna g con 18. fg3 podría seguir 18. ... Ch5 o incluso 18. ... bc3. Son posiciones buenas para analizarse con algún programa y preparar la variante para futuras batallas, pero sobre el tablero ya estaba haciéndome la vida de cuadritos. Otra conclusión: debo mejorar la calidad y profundidad de mis análisis.


Me decidí, pues, por 11. g4, con la nada sutil idea de atacar duro. Mi rival continuó con 11. ... b5 y aquí yo ya estaba tan obsesionado con el sacrifico de peón en g5 que ni siquiera consideré la posiblidad de ganar tres piezas por la dama. Y empleo el verbo "ganar" porque me gusta mucho jugar con tres piezas contra dama. Creo que sólo gracias a situaciones concretas y aleatorias (un peón o peones pasados, rey enemigo muy expuesto) puede una dama enfrentarse a tres piezas menores y mantener el status quo. La continuación interesante es 12. e5!?, con la idea de 12. ... Ab7; 13. ef6 A:f3 14. fe7 Tfe8; 15. A:f3 Tac8, o bien 14. ... A:h1; 15. ef8=D+ T (C):f8; 16. T:h1. En ambos casos quedaría con mis tres piezas menores por la dama, pero creo que las negras tendrían la iniciativa por sus chances de organizar un ataque rápido contra el punto c2 e incluso el peón de f4, con ideas como b5-b4 y d6-d5, antes o después de desplazar al alfil de g5 con algún h6. Como dije, esta variante también debe ser analizada, pero yo la descarté casi inmediatamente. La idea fatal ya dejaba sentir su influjo en mi juego...

12. A:f6 C:f6; 13. g5 Cd7 ;14. Ad3? ... Aparte de que pierdo un tiempo (el alfil alcanzó la casilla d3 en dos tiempos), rompo corto la acción de mi torre en la columna d, con lo que dejo volando mi caballo de d4, lo que me costará apenas unas jugadas más adelante oootro tiempo. Finalmente, si mi idea era sacrificar el peón de g5 mediante un rápido f5, no tiene el menor caso colocar a mi alfil en una posicíon desde donde la estructura de mis peones d4-f5 lo neutralizará por completo. El movimiento sería coherente si yo preparara un rompimieto con e5, para que el alfil le echara un ojo al punto h7, por ejemplo, pero no encaja nada con mi absurdo plan de juego.Una idea interesante, sugerida por Marcos Kiesekamp durante el post mortem, es 14. g6!?, con idea de atacar en el flanco de rey mucho antes de que el negro lo haga en el ala opuesta. Una posible continuación sería 14. ...gh6; 15. h4 Cf6; 16. h5 gh5; 17. T:h5 C:h5 18. D:h5. Incluso si el ataque se refuta en un análisis computarizado, sobre el tablero podría tener éxito. 14. ... Ab7; 15. f5? ... es cierto que hay una variante con la misma idea, pero es varias jugadas antes: 10. g4 b5; 11. A:f6 C:f6; 12. g5 Cd7; 13. f5 A:g5+; 14. Rb1, con ataque blanco. Vi en el sitio de internet http://www.chessbase.de/ una partida así, Bronstein-Browne, Reykjavik 1990, mencionada por Seirawan en un homenaje al recientemente fallecido David Ionovich. Además, ya recordaba haber visto la variante mencionada en el librito de la colección Escaques. Jugué 15. f5? sin grandes análisis, con la idea de que "en cuanto se abra la columna g ya veré la manera de atacar y de ganar".

Pero hay algo más. He de confesar, con gran vergüenza para mí, que subestimé a mi rival. Como tenía la idea de que era un jugador de unos 1700-1800 puntos de rating alemán, empecé a interpretar sus gestos y ademanes bajo la influencia del dicho "por la forma de agarrar el taco se note quién es tragón", y por supuesto que todo lo que yo veía, su manera de tirar, de acomodar las piezas, de apretar la palanca del reloj, etcétera confirmaban mi idea preconcebida, mi prejuicio, de que me hallaba ante un sapo. Si hubiera sabido entonces que mi rival es un experimentado jugador que acaba de regresar al ajedrez luego de algunos años de retiro y que llegó a pasar de los 2200 de ELO, no hubiera interpretado sus ademanes como los de un chapo. Yo estaba seguro de que mi rival se desmoronoraría a la primera oportunidad de ponerlo bajo presión. Objetivamente, ya debo estar perdido, porque en compraración con la línea que menciono arriba, las blancas ganan un tiempo con el aflil en d3, pero las negras ganan dos tiempos: el alfil en b7 y el rey enrocado. En pocas palabras, me embarqué en una línea muy aguda sin conocerla, con tiempo de menos y mis piezas mal coordinadas.

15. ... A:g5+; 16. Rb1 Cc5; 17. Thg1... Me pareció que, habiendo abierto la columna g, lo más coherente y correcto sería ocuparla. No he buscado alternativas a esta jugada, pero creo que tal vez no haya tirada mejor. 17. ... Af6, y touché a mi caballito de d4, gracias al cabezón de d3 (albureros, absténganse) 18. Cce2... Luego de 18. Cde2 la réplica 18. ... b4 me obligaría a 19. Cb1, con lo que mi posición ya sería francamente ridícula. Según yo, el caballo de d4 sería afianzado permanentemente por su colega de e2. Un detalle: en este momento yo ya no veía ni la próxima jugada de mi rival. No vi que 17. ... Af6 ataca una piaza desprotegida, no vi la jugada siguiente tampoco. Cada jugada del señor Eberhardt era una muy desagradable sorpresa para mí. ¿Por qué? Pues muy sencillo: por no haber analizado nada, absolutamente nada, cuando jugué 15. f5? Castigo muy merecido y espero que aleccionador también. 18. ... d5!

García - Eberhardt, tras 18. ... d5!

Esta jugada es un mazazo. Amenaza, simple y lisamente, ganarme una pieza con el doblete de e4. La respuesta obligada es 19. ed5 A:d5 Quién sabe por qué, creí que la única respuesta que tenía mi contrincante era 19. ... ed5. 20. Dh3 e5! Al principio no entendí la jugada, pero luego vi que me gana pieza: si quito el caballo sigue 21. ... e4 y el alfil de d3 está atrapado. O sea, no vi las últimas cuatro jugadas de mi rival. Una verdadera catástrofe. No me quedó de otra que jugar a la desesperada. 21. Cg3!? e4?! (bien pudo haber tomado la pieza. Tal vez se dejó impresionar por mi pseudoataque) 22. Ch5? ... (Tan deseperado estaba que ni me percaté siquiera que tras 22. Ae2 mi caballo de d4 vuelve a quedar protegido. Claro que mi posición seguiría siendo horrorosa, pero por lo menos tendría un par de amenazas contra su rey) ... A:d4; 23. T:g7+ ... Pues ya qué 23. ... A:g7; 24. f6 ed3; 25. Tg1 dc3+; 26. Rc1 Ae4! tapando todo y además atacando. Pocas veces he visto un alfil centralizado tan potente. 27. fg6 ... (T:g7+ Rh8) y no hay ataque posible alguno sobre h7, porque el tremendo alfil de e4 lo protege. Con la textual amenazo algo por lo menos: 28. Cf6 ++) 27. ... Dd6 La dama negra elimina la pueril amenaza de mate y amenaza ella misma un jaque mortal desde h6 o eventualmente desde f4. Aquí perdí por tiempo. 0-1

Dos horas para 27 jugadas apenas. Y además, vaya jugadas... Un detalle muy agradable de mi rival. Además de ser muy amable, reclamó tiempo sin alzar siquiera la voz. Siguió mi mirada (fui el primero en darme cuenta de que mi banderita ya había caído) y dijo con tranquilidad: "Zeit" (Tiempo). He visto gente que reclama tiempo a gritos, con la voz trémula de la emoción: "Zeit! Ich reklamiere Zeit!" (¡Tiempo! ¡Reclamo tiempo!). Qué desagradable. También vi a una persona reclamar, también a gritos, el punto cuando sonó el celular de su rival: "Ich habe gewonnen! Sein Handy hat geklingelt! Schiedsrichter, sein Handy hat geklingelt! Sie haben verloren! Ich habe gewonnen! Ich habe gewonnen!" (¡Gané! ¡su celular sonó! ¡Juez, su celular sonó! ¡Usted ha perdido! ¡gané! ¡gané!) ¿para qué gritan y manotean mientras buscan al árbitro con la mirada y se levantan, tropezándose con su propia silla y con la mesa, molestando y distrayendo a los demás y señalando con el índice a su rival? Con qué ansia, con qué avidez pero también con qué vulgaridad claman su punto, un punto que, además, nadie les disputa. En fin... faltan dos rondas y quiero ganarlas, para por lo menos quedar con 4.5 de 7. Bueno, si contamos que perdí una por default, quedaría con 4.5 de 8. Mal puntaje...

jueves, 22 de febrero de 2007

De becas, filosofía de la ciencia y de partidas de ajedrez

Me enteré de que es probable que no me prolonguen la beca doctoral en Alemania. Cuando la obtuve, se repartieron 20 becas. Yo fui el último en obtenerla, y el único becario en humanidades (Geisteswissenschaften en alemán). Recuerdo bien cómo me tuvieron como sobre ascuas cuando me dijeron que me darían una beca siempre y cuando ningún artista obtuviera una. Si tan sólo uno de los solicitantes de arte obtenía la beca, me botaban de la lista de becarios. Esperé como seis semanas a que mandaran al diablo a todos los artistas, pensando en por qué ese desprecio por las humanidades (y por el arte también, hay que decirlo)

¿Por qué, dije? Ah, pues muy sencillo: el gobierno y las cámaras industriales de México quieren ciencias aplicadas y tecnología, pero no invierten en ciencia. Y por eso la prioridad fue para químicos, físicos, ingenieros químicos, químicos farmacéuticos, bioquímicos etcétera etcétera etcétera. Pero un historiador, ¿qué puede producir que se pueda vender bien y , si es posible, caro? Pasteles y gelatinas tal vez, si es que sabe cocinar. Pues bien: ese sigue siendo el argumento de las autoridades y empresario mexicanos, que quieren ciencias aplicadas pero no quieren hacer ciencia. Y al parecer, el organismo que me becó piensa más o menos parecido.

Hablé hace poco con la encargada de las becas y me dijo que el comité seleccionador está nervioso, porque "los de humanidades pueden pasarse años leyendo y escribiendo", a diferencia de los dedicados a las ciencias naturales (Naturwissenschaften en alemán), que "hacen una hipótesis, corren los experimentos en el laboratorio, cotejan resultados, hacen el informe y listo." No pues sí. En efecto, esa es una diferencia entre humanidades y ciencias de las llamadas "exactas", pero no por eso le vamos a tener miedo o desprecio a las humanidades. En fin, me tendré que financiar escribiendo más artículos para el diario que en México ya me publicó uno.

Esta creencia de que las "ciencias duras" sí dan resultados mientras que las humanidades son puras especulaciones en torres de marfil está muy extendida. Sin embargo, va quedando claro que la ciencia no podrá jamás llegar al origen de todo conocimiento, o a La Verdad, simplemente porque tal Verdad no existe. Cada ciencia es un conjunto de convenciones que delimitan las reglas del juego científico, y es dentro de esos límites convencionales donde se desarrolla lo que conocemos como ciencia. De vez en cuando llega un jugador que modifica esas reglas y entonces el juego cambia de reglas o de carácter, pero únicamente para desarrollarse dentro de los nuevos límites establecidos. Ejemplos de ello hay muchos. La medicina ha sufrido muchos cambios (que no evolución, perfeccionamientos o acumulación de conocimiento). Si un médico del siglo XV hubiera hablado de pequeños animalitos invisibles que causan enfermedades sus colegas lo hubieran tachado de loco y lo hubieran excluido de la comunidad médica. En esa época las cuestiones religiosas eran dominantes. Las enfermedades podían ser causadas por "malos aires", castigos divinos, alimentos particulares (había quienes creían que las lentejas causaban lepra), etcétera. Además se empleaban las categorías de Hipócrates sobre la "naturaleza" o "temperamento" de los pacientes, que podía ser colérico, sanguíneo, flemático o melancólico. Eso determinaba si se practicaba una sangría a alguien o no, por ejemplo. Luego llegaron los gérmenes. Luego, las bacterias, microbios y virus. Ahora se habla de la medicina genética. Antes se diagnosticaba mediante la observación de cambios o modificaciones exteriores; luego se comenzaron a hacer análisis sanguíneos y ahora se hacen estudios que no incluyen o pueden incluso contradecir las observaciones resultantes de métodos de diagnóstico anteriores. Se reconoce ahora la existencia de enfermedades psicosomáticas que antes pretendían tratarse como si fueran disfuncionalidades meramente orgánicas. Y en todo ello no hay conocimiento acumulativo: de nada sirve ahora hablar de temperamentos coléricos o flemáticos o de malos aires para explicar una enfermedad. Los métodos de diagnóstico contemporáneos muchas veces desechan métodos anteriores; se fijan en síntomas antes despreciados o desconocidos o ignoran deliberadamente resultados o síntomas que antes hubieran sido considerados fundamentales. No se acumuló el conocimiento médico; cada vez que ha habido un descubrimiento se replantean las bases y márgenes del juego científico de la medicina. "Medicina" es lo que el consenso de expertos -los médicos- llama por el momento como tal.

Un ejemplo corto para terminar estas reflexiones a vuelo de pluma: escuchen a Stephen Hawking o a algún físico teórico y mucho de lo que argumentan bien podría ser firmado por algún astrólogo o por lo menos por un autor de ciencia ficción. No argumento que sea charlatanería lo que dicen, para nada; pero ese afán por buscar el Principio y Fin aboslutos de la existencia y del ser son las otorgan incluso a las "ciencias duras" un carácter especulativo que la mayoría adscribe sólo a las humanidades.

Pasando a otras cosas más emocionantes y concretas: por fin ganamos de nuevo en el campeonato de Berlín por equipos (en la liga se ve la tabla de la Stadtliga A, donde jugamos. Nuestro equipo es el TuS Makkabi Berlin). Ganamos en la sexta ronda, luego de recibir palizas horribles en las dos anteriores: 2-6 y 1.5-6.5.Pero ganamos de milagro, por un mísero punto: 4.5 a 3.5, con todo y un regalo de torre que fue lo que le dio la voltereta al marcador.

Ganamos en el primer tablero por default (!); perdimos en el segundo cuando Georg creo que se equivocó en un final incómodo pero salvable; perdimos en el tercero por lo que me parece que fue una catástrofe de apertura (resultado sorpesivo, porque nuestro tercer tablero es fuerte y sólido); en el cuarto estábamos perdidos cuando el contrincante regaló, en una jugada, una torre limpiecita. Antes tenía dos torres y caballo contra torre y dos caballos, con igualdad de peones y la posición francamente robada para el rival. En el quinto ganamos rapidísimo gracias a que nuestro jugador vio más lejos que su rival y refutó una supuesta celada táctica. En el séptimo, para variar, perdimos por sexta ocasión consecutiva. Nuestro jugador ha perdido de todas, todas. Seis cerotes en seis rondas. Increíble. De hecho, ya estoy tan acostumbrado a que nuestro séptimo tablero pierda que si llegara a ganar o a empatar aunque sea una única partida de las tres que faltan me sentiría francamente defraudado. En el octavo fueron unas tablas tranquilas y relativamente rápidas.

Yo, en el sexto, gané con negras una apertura española muy mediocre a un viejito medio enojón, que al parecer tiene la costumbre de gesticular como si estuviera sentado sobre una parrilla y, peor todavía, de estirar la mano hacia una pieza, abrir los dedos sobre ella, casi tocándola, quedarse así unos segundos con la mano temblándole y luego retirarla con un gesto de híjoles, mejor no. Hubo como ocho ocasiones en las que la cabeza de un peón o de un alfil estaba entre sus dedos, a milímetros de la piel, pero no tocaba las piezas. Y eso llegó a dura hasta cinco segundos. Lo hizo siempre, a partir de la jugada 11, excepto cuando había que capturar una pieza.

Mi rival se dedicó a hacer jugadas sólidas y sin grandes aspiraciones. Como nos metimos a mi variante favorita de la española, con la que hace años que no pierdo una partida y gano muchas, estaba confiadísimo en que tarde o temprano o le ganaría un peón o le causaría una debilidad permanente a mi rival. Por eso, cuando llegamos a una posición crítica en la transición apertura-medio juego, jugué con ligereza una "jugada natural"; una jugada que parecía buena a simple vista y por motivos muy generales. En efecto, igualé sin problemas, pero la posición que resultó tras su obvia respuesta fue casi de tablas. Me desesperé y sacrifiqué un peón de manera casi irresponsable únicamente para aventar mi dama la flanco de rey y crear amenazas vagas. Llegamos a una posición que, objetivamente hablando, debí haber perdido. Pero confiaba en la manía de mi rival de hacer puras jugadas marras y sólidas, evitando cualquier cálcuo concreto de variantes. Y al final se equivocó y le gané con un golpe táctico fácil de ver si analizas la posición con un poco de cuidado; viendo un par de variantes. Pero mi rival jugaba como yo al principio: puras jugadas "naturales", sólidas y de "principios generales".

Terminamos al último (ambos en apuro de tiempo: dos minutos para él y cuatro para mí para las últimas ocho jugadas) y con eso pudiera presumir que le di el punto decisivo al equipo, pero en realidad el punto culminante fue el regalo de torre en el cuarto tablero. Ya escapamos de la antesala del descenso, pero estamos a media tabla, con seis puntos de doce posibles (van seis rondas), empatados en los lugares 5 y 6 de diez equipos. Estamos a cuatro puntos de los líderes cuando faltan seis puntos (tres rondas). Adiós ascenso. Lo único que me intriga es: ¿irá nuestro séptimo tablero a robarse el campeonato con el memorable resultado de 0 de 9? ¿o lo arruinará todo y se le ocurrirá ganar en la última ronda?

miércoles, 7 de febrero de 2007

Ladrones

Ayer robaron el departamento de los vecinos de la planta baja. Vivimos en Bonn en un edificio de tres pisos con una vivienda por piso, por lo que sólo vivimos aquí seis personas: tres parejas. Pues ayer les tocó a los vecinos de hasta abajo "recibir una visita de los amigos de lo ajeno", según la trilladísima frase.

Forzaron la puerta del departamento, simple y sencillamente. Curiosamente la de la calle no presentó daño alguno. Yo era el único que estaba en casa cuando el robo, pero no escuché nada. Nada más falta que haya sido yo quien dejó entrar al zorro al gallinero, porque alguien tocó el timbre y yo abrí, desde el rellano de las escaleras alcancé a ver un brazo mientras respondía al supuesto deshollinador de chimeneas, que anunció que regresaría más tarde. El tipo se fue (vi cómo el brazo cerraba la puerta) y yo me metí de nuevo al departamento.

La policía estuvo ligeramente frustrada de que no haya visto al tipo ni recordara la ropa (el color de la chamarra que alcancé a ver), pero la verdad es que ni bajé a abrir ni me fijé en la manga que vi desde arriba. Yo también me siento frustrado por ello y vagamente culpable.

lunes, 5 de febrero de 2007

La cuitas de un equipo de ajedrez asaz optimista

Nos aniquilaron el pasado domingo 28 de enero. Nos urgía como aire una victoria, para no despegarnos de los líderes y aprovechar cualquier eventual tropiezo suyo. Pero nos barrieron, 1.5 a 6.5 nos pegaron. No ganamos ni un juego y hasta nos dimos el lujo de perder uno por default. Si consideramos que tras esta pepiniza quedamos empatados en los lugares séptimo y octavo de diez equipos en total y que bajan de categoría los últimos dos, podemos decir que tenemos la lumbre llegándonos a los aparejos.

Supuestamente, el equipo se había reforzado para ahora sí luchar en serio por el único boleto a la categoría siguiente, que es la más fuerte de Berlín. Pues naranjas. Para empezar, estamos escasos de refuerzos. Basta con que uno se enferme y otro tenga que estudiar para sus exámenes en la universidad para prácticamente obligarnos a regalar un punto por default, como nos sucedió. Y además tenemos un séptimo tablero que pierde de todas, todas y si meter siquiera las manos. Empezamos siempre con uno o dos puntos de desventaja. La idea era que los tableros medios, del cuarto al sexto, fuéramos los cosechadores de puntos; que sacáramos adelante al equipo. Porque los tres primeros son bastante duros y aunque ahí considerábamos sacar un balance positivo, no sería por mucho: el primero siempre es muy duro, aunque Marcos Kiesekamp es un jugador muy muy fuerte. En el segundo juega Georg, que tiene 14 años y puede ser algo irregular, aunque ha estado jugando bastante bien y mejora cada vez más. Como que se ve que es alumno de Marcos y que tiene ciertas ambiciones en el ajedrez. El tercero también es muy fuerte, pero nuestro compañero, Mijaíl, lo cubre mejor que bien. Pues nanay con las esperanzas en los tablero medios. Tres inesperados pepinos en el quinto; cincuenta por ciento en el cuarto. Yo he perdido uno por default, y precisamente en la primera ronda, cuando el equipo perdió apenas por un punto, 3.5-4.5, contra un rival bastante medianón. Y de las tres partidas que he disputado, he juntado sólamente punto y medio, aunque tuve posiciones para juntar 2.5 y, siendo optimistas, los tres puntos completos.

En resumidas cuentas, en lugar de tener tres primeros tableros de contención, tres tableros medios arrasadores y dos últimos tableros malos, hemos juntado puntos con los tres primeros (sobre todo con los dos primeros), un resultado por abajo del 50 por ciento en los siguientes tres (del cuatro al seis) y dos horrísonos últimos tableros, sobre todo en el séptimo: cinco pepinos, cero tablas, cero victorias.

Mi partida fue de las más divertidas que he jugado en mi vida. Empecé llegando media hora tarde, y apenas entonces me enteré de que jugaba en el sexto y no en el quinto tablero (es que se suponía que iba a faltar nuestro tercer tablero y los demás nos correríamos), lo que significaba que toda mi preparación casera, de nuevo cocinada junto con Marcos, me serviría para dos cosas: para nada y para nada. Bueno, pensé, juguemos como en México: sin preparación, como recuerdes la teoría según progresa la partida. Oh agradabilísima sopresa, mi rival - Peter Müller, nombre alemán si los hay - respondió 1. ...e5 a mi 1.e4. Excelente, pensé, porque a) podría recuperar el tiempo perdido jugando rápidamente mi apertura favorita, y b) podría jugar mi apertura favorita: el noble y venerable gambito de rey. Mi rival panteó con notable seguridad un contrgambito Falkbeer, pero apenas en la jugada seis empezó a pensar mucho. Aquí intercambiamos pequeños favores: él eligió una continuación inferior en la séptima jugada luego de pensar unos 20 minutos en una posición llena de tentadoras pero engañosas continuaciones para el negro. Yo, que me había paseado entre las mesas todo ese tiempo - estábamos jugando seis equipos en total, por lo que había qué mirar - no recordé el castigo a esa impresición y decidí trasponer a la línea principal.

Mientras deambulaba entre las mesas (entre los tres enfrentamientos en marcha había uno de equipos infantiles, algo que me siempre divierte: los niños son geniales) se me acercó nuestro tercer tablero y me dijo que tuviera cuidado con mi rival porque es muy táctico y ataca bien; claro que se puede equivocar pero en general siente muy bien la táctica y por eso mejor no le des oportunidades de que te ataque, ¿entendiste?. Dije que sí pero que el gambito de rey ya estaba planteado.

Ya de regreso a la línea principal mi rival se equivocó en la continuación pero otra vez fallé. No recordé una jugada asesina de Tartakower pero sí otra muy buena que no pasa por asesina pero sí por noqueadora. Quedé con peón de ventaja, sin damas en el tablero y los dos alfiles en una posición completamente abierta, sin peones centrales. Gané el peón con una maniobra que me dejó bastante satisfecho y que sacó de onda a mi rival, que seguía cargándose de tiempo. Su compensación era meramente temporal, porque aunque mi alfil seguía en f1 y mi torre de h1 encerrada, él no podía evitar que me desarrollara. Lamentablemente vi un fantasma que me hizo analizar durante quince minutos una captura imposible por parte de mi rival, y cuando me di cuenta de ello empecé a perder la confianza. Comencé a invertir tiempo en decisiones sencillas y aun así cometí imprecisiones. Pero mi rival, en lugar de aprovechar una oportunidad y pasar a un final de torre con alfiles de distinto color y peón de menos, se empeñó en tenderme trampas fáciles de ver y de parar, por rectilíneas y transparentes. Total, me desarrollé con mis dos alfiles y mi peón de ventaja. Ya metido de lleno en el apuro de tiempo, pimponeé las últimas cinco jugadas. En la 39 cometí una nueva impreción que mi rival otra vez no aprovechó y entonces en la jugada 40 pude iniciar una maniobra que me hizo ganar un segundo peón tras cambiar alfiles, para llegar a un final de torre y alfil y cuatro peones contra sus torre, caballo y dos peones. Y aquí se viene la catástrofe. Debo hacer la jugada 44. Noto inmediatamente la amenaza directa de mi rival, calculo y... decido provocarla, porque, según yo, sólo sirve para cambiar torres. En realidad, regalo una pieza y la partida.

Manuel García-Peter Müller





Mi rival acaba de jugar 43. ...Cc4. Es obvio que amenaza el doblete 44. ...Ce3+. Pues bien, lo dejé hacerlo, porque sólo consideré que tras mi respuesta 45. Rd3 sólo sería posible la continuación 45. ...C:d5; 46. R:e2 y las blancas ganan. Pues bueno, ahí voy a provocarlo: 44. b3?? Ce3+, Todo según lo planeado. 45. Rd3 T:d2+ Zaz 46. R:d2 C:d5 Como consecuencia de mi excelente idea de "dejarlo hacer" perdí pieza y llegué a un final que creo debe estar perdido. Había bastantes integrantes del equipo rival sentados, siguiendo mi partida - mis compañeros o luchaban por sus vidas o ya las habían perdido -. En cuanto vieron el 45. ...T:d2+ se levantaron casi todos de golpe y se fueron a ver otras partidas, como diciendo "este arroz ya se coció". Yo obviamente sentía que me llevaba la chingada, pero decidí seguir jugando. Sea lo que sea, tenía todavía dos peones contra un caballo. Analicé unos segundos y noté casi inmediatamente que no tenía jugadas útiles con mi rey: caía inmediatamente bajo dobletes del caballo y perdía mi peón de h3. Bueno, pensé, no queda de otra que aventar los peones. Y así, violando la sagrada regla de centralizar el rey, jugué un plan sencillísimo: aventar los peones hasta donde pueda y luego a ver qué pasaba. Y listo: tiré 47. a4. Mi rival piensa bastante y tira 47. ...Rf7, y yo respondo al toque 48. b4. Otr pausa larguísima de mi rival. 48. ...Re6. Yo estaba de pie viendo las pepinizas a mis compañeros - ya habían terminado - y regresé a mi tablero nada más para jugar 49. a5 y volví a irme. Yo estaba segurio de que perdía, pro en cuanto vi que mi rival jugó 49. ...g5 pensé mira, chance y me salvo. 50. b5 Rd6; 51. a6 ba6 si mi rival quería jugar a ganar debió conservar su peón b 52. ba6 Rc6 y aquí me ofreció tablas. Increíble. Me gasté unos dos o tres minutos para mis últimas siete jugadas, y mi rival se echó unos 40 minutos. Estaba bastante alterado al final; casi molesto, aunque no sé por qué: fui yo el que perdió medio punto; no él.

En cuanto acordamos las tablas vi cómo unas siete u ocho manos se metían a mi campo visual y empezaban a revolotear sobre las piezas, moviéndolas de acá para allá mientras unas voces discutían entre sí y señalaban a mi rival cómo debió haberme ganado el final. Creo que el final se gana si el negro va inmediatamente tras el peón de h3 con su caballo. En realidad, debe haber más de un plan para pegarme, pero mi rival, con todo y sus 1943 de ráting alemán, no logró encontrar ninguno de ellos, y eso que se clavaba antes de cada una de sus últimas seis jugadas. Por otro lado, yo había estado pensando jugar no la burrada de 44.b3??, sino la burrada 44.b4??, que también pierde pieza pero que por lo menos gana un tiempo para el final. Gran consuelo.

Una partida de locos. También de locos fue el análisis post mortem. Me habían dicho que el club rival, Berolina Mitte, es un club de intelectuales. Entre ellos habría por lo menos un escritor que es relativamente conocido en Rusia, otro que decide irse en bicicleta a Italia y anotar lo que observa, etcétera. Un club cuyos miembros leen hartos libros y hablan de literatura, poesía, arte y política mientras juegan apaciblemente ajedrez en su sede, que es nada más y nada menos que un café muy agradable en una avenida bastante simpática de Berlín. Pues discutían planes supuestamente ganadores interrumpiéndose los unos a los otros y arrebatándose el rey negro de las manos.

Intelectuales... yo, por mi parte, me reconozco como un simple y humilde artesano.