domingo, 14 de noviembre de 2010

El amago del saltimbanqui, o Juanito bebiéndose un café

Entrando a Insurgentes desde Reforma, se me ocurrió echar una mirada al Vips que se encuentra por ahí, el sábado como a la una de la tarde. En una mesa del extremo sur del restaurante, en el mero rincón, vi a un tipo que, en la política mexicana, es por antonomasia el ejemplo del oportunismo político y de la gelatinosidad conceptual. A ver si lo reconocen:


Rafael Acosta "Juanito" en efecto, cuya carencia del sentido del ridículo vuelve causa perdida el pretender describirlo con sólo uno o dos adjetivos (a partir de tres ya resulta más sencillo). Charlaba el protégé de Mariana Gómez del Campo con un tipo de chamarra beige que le mostraba unos papeles en un fólder y que Juanito miraba con interés. Hasta estiraba el cuello para verlos mejor. Pero para cuando saqué la cámara éste había desaparecido ¿rumbo a los baños? ¿rumbo a los basurales de la política capitalina?. Así que el amigo de los panistas capitalinos se encontraba solo cuando lo volví a ver, esta vez a través del objetivo de mi camarucha. Notó mi interés por su persona cuando preparaba la segunda toma, pero la malinterpretó. Me saludó con un movimiento de cabeza, sonriente, y me mostró su pulgar levantado. El de la mano derecha. Estará feliz Marianita.


¿Tramará algo "Juanito"? O, mejor dicho, ¿Tramarán algo con él?

jueves, 11 de noviembre de 2010

Desayuno en la capirucha.

Ayer fui a desayunar a un local como a media cuadra de Reforma, prácticamente frente al Caballito. Apenas entré me sentí atrapado en un remanso del tiempo. Una chava medio gordita tras el mostrador, café obscuro, tecleando algo frente a una computadora antiquísima. Dos meseras de delantal rosado con ribetes blancos desplazándose lentamente y una tercera trapeando parsimoniosamente el pasillo. Una pareja de ancianos sentada frente a frente en absoluto silencio, envueltos en suéteres de lana hasta la barbilla, comiendo pan dulce y sopeándolo en sendos vasos de café con leche. Otro anciano, de traje café y ajado, con una bolsa de plástico de la que asomaban papeles y fólders a su lado sobre la mesa, ocupado en masticar lentamente un bisquet y en darle sorbitos a una taza de café. Vacío el resto de las mesas. Decorado pasadísimo de moda y uno que otro espejo enturbiado por el tiempo.

Me siento en una silla coja. Llega una mesera con un menú y me lo deja. Pido una orden de papaya, huevos rancheros y un jugo grande de naranja. La mesera toma la orden, me deja una canasta con una telera y se va. la pareja de ancianos sigue sopeando su pan. El anciano burócrata - me recordó a los burócratas de Chéjov - sigue comiendo un bisquet y la mesera que trapea sigue trapeando sin que parezca avanzar un ápice y la chava de la barra sigue tecleando, posiblemente la relación de entradas y salidas. O la lista de reparaciones, que en ese caso debiera ser enorme. Pasan los minutos. La telera de la canasta hace tiempo que desapareció pero no así el bisquet del viejo burócrata, ni el pan dulce de la pareja anciana ni la labor de la mesera que trapea, que avanzó un poco hacia la puerta del fondo. Lo que marca el paso del tiempo y que no estamos en una naturaleza muerta es la segunda mesera, que camina con evidente dificultad a pasitos cortos y lentos, yendo y viniendo con una jarrita metálica abollada por todos lados.

Pasa a mesera que me atendió. Su jugo, ¿era grande o chico?. Grande. Se va la mesera. Espero. Miro mis manos y sin necesidad las cambio de posición sobre la mesa. Soplo de la mesa las migajas de la extinta telera. El burócrata sigue comiendo su bisquet y la pareja anciana su pan dulce. La que trapea sigue trapeando, ahora ya junto a la puerta de atrás. Sigo esperando.

De pronto, una voz. ¿Se cobra? Se remueve de su lugar la de la computadora y se acerca al burócrata, mientras este se levanta, toma su bolsa-portafolios y mete una mano al bolsillo. Son veinte pesos, dice la de la barra al tiempo que el anciano burócrata le estiraba dos monedas de 10 pesos y algunas más que parecían de a peso. Me parece el anciano ya sabía lo que debía pagar, pero sigue su ritual de preguntar diariamente ¿se cobra? luego de desmigajar diariamente su bisquet y de diariamente beberse a sorbitos su café. La de la computadora se da media vuelta y regresa tras la barra a seguir tecleando mientras el burócrata sale lentamente del local y se detiene. Mira a la izquierda. Mira hacia la derecha y echa a andar en esa dirección. Lo observo desde mi lugar avanzar despacito hasta desaparecer en el extremo del ventanal. Miro a los transeúntes pasar como quien mira desde la semipenumbra peces en un acuario lleno de sol. Los ancianos siguen royendo su pan dulce. La mesera de la jarrita me sigue dando la impresión de estar a punto de detenerse a media marcha, como una pelota a la que poco a poco se le acabó el impulso.

De pronto, otra voz. Ya acabé. La mesera que trapeaba desaparece tras una puerta con su cubeta y trapeador. Calculo en tres metros la distancia que recorrió en todo ese tiempo.

Y otra voz. Esto empieza a ponerse animado, pensé. ¿Te molesto con más café, Alicia? Llega la mesera reumática a la mesa de la pareja de ancianos y les vierte café en los vasos y reacciona a una señal para mí inadvertida o quizás inexistente, pues deja de servir café y acompleta con leche el resto del vaso. Siguen comiendo pan dulce mientras la mesera casi renquea hacia la cocina.

Finalmente se acerca la mesera que me atendió con un jugo de naranja. ¿No quiere que le ordene ya los huevitos? Preferiría la orden de papaya antes.

La mesera me mira como si nada.

– Se nos perdió la papaya. No la encontramos pero por ahí anda, si la trajimos en la mañana. Chance y la encontramos antes de que se acabe los huevitos.


Pido los huevos rancheros. Mientras llegan, me acabo el jugo de naranja. Los viejitos siguen comiendo pan dulce, envueltos casi hasta la boca en sus suéteres y la gordita de la barra sigue inclinada sobre la computadora. Llegan los huevos rancheros. Todavía no sé cómo pude acabarme un platillo tan malo. Me levanto, pago y salgo. Todo sigue igual tras de mí en el local. Siento unas ganas irrefrenables de lavarme la boca y cepillarme la lengua con mucha pasta.

Tal vez sigan buscando la papaya.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Destinos

Hoy tuve la grandísima e inopinada fortuna de conocer a un exguerrillero mexicano. Sucedió en medio de la calle en la enorme Ciudad de México. Lo más leve que le ha pasado fue pasar unos años en el tétrico Palacio Negro de Lecumberri. Algunos pasajes de su vida son realmente trágicos. El racimo de mazasos que me narró, a veces con los ojos humedecidos pero siempre con voz firme y un orgullo sencillo y bien ganado, me dio unas ganas terribles, pero de veras terribles, de abrazar a mi hijo.

Y bueno, una verdad de perogrullo más sobada que la panza de Buda: el chiste está no en las riquezas, sino en las satisfacciones morales que se van acumulando en la perra vida.

jueves, 28 de octubre de 2010

De vuelta

Y bueno, lo prometido es deuda. Dejé de escribir con regularidad en diciembre de 2008, y sólo lo hice dos veces en todo el año pasado.

Las cosas han cambiado. Somos tres en casa, tengo un empleo que me obliga a ausentarme de mi hogar (antes hubiera escrito casa pero ahora sé que casas hay muchas. El hogar es donde uno quisiera vivir y morir y para mí es donde está mi pequeña familia) tres días por semana y sigo arrastrando un compromiso que pensaba haber finiquitado para mediados de este año.

Pues sí, las cosas han cambiado. Mucho para bien con algunos detalles enojosos, pero el resultado final es que ni tiempo ni especial gana tuve en escribir en este blog desorientado que, por lo que veo, se había convertido inopinada y casi exclusivamente en un uno dedicado a la actuación de las selecciones nacionales en la olimpiada de Dresde 2008. Sé que la de 2010 provocó comentarios, pero ese tren ya pasó.

A saltar al que sigue. Por lo pronto, por cuestiones de trabajo (investigación archivística) estaré en México casi todo el mes de noviembre. El plan más inmediato es lanzarme a Teotihuacan por una penca de nopal blanco. La que traje la última vez crecía impresionantemente bien, pero en el pasado invierno, necio de mí, lo dejé afuera durante una semana de heladas nocturnas. Se congeló.

Y luego, ya veremos.

domingo, 28 de junio de 2009

Por qué leo La Jornada, o una comparación improvisada

Son las 15:40 (hora local) del domingo 28 de junio. Hace unos minutos, al entrar en la página del diario británico The Independent, leí que el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, habría sido arrestado por militares, según su secretario particular, Eduardo Reina.

Busqué la nota en la portada del Universal. Nada. Luego fui a la del Reforma. Nada. Luego, a la de La Jornada. Ahí estaba la nota, bajo la rúbrica "Noticias de hoy".

Este espontáneo ejercicio comparativo dice bastante.

Addendum
Son las 15:50 del mismo día. Entré a las páginas del Excélsior y de La crónico de hoy. En ambos casos, nada. Por cierto, tampoco estaba en la página del diario británico The Guardian.


Así que ya saben.

martes, 6 de enero de 2009

Un invierno de verdad

Desde hace como 18 días tenemos continuamente temperaturas bajo los cero grados. la única excepción fue hace como cinco, cuando durante unas cuatro horas estuvimos a como +0.6 grados y cuando se derritió un poco de nieve. Pero esa misma tarde regresó el frío y la nieve derretida se volvió una capa de hielo sobre calles y aceras.

Los días más fríos han sido los de cielo azul y sol brillante, con temperaturas de entre 5 y 7 grados bajo cero. En los nublados en cambio la temperatura sube a 2 ó 3 bajo cero. Lo único que faltaba era la nieve, porque excepto una nevada tupidísima a mediados de diciembre y que dejó una capa de nieve que se derritió en unas horas, lo único que se veía en los últimos días era tierra congelada y hierba marchita. Pero ayer, por fin, tuvimos nieve.

Hace dos años tuvimos un invierno lamentable: las únicas temperaturas bajo cero se daban de madrugada, y nunca pasaron de los dos bajo cero. Mucha lluvia, mucho lodo, nada de nieve. Un fiasco.

El año pasado hubo unos diez días de temperaturas continuas bajo cero en diciembre, pero sin un copo de nieve: sol brillante, cielo azul, tierra congelada y las hierbas mustias de siempre. Pero a partir de enero, lluvia, lodo, temperaturas diurnas de entre 2 y 5 grados. Decepcionante.

Pero ahora sí ya llevamos 24 horas de nieve, y temperaturas diurnas de 5-8 grados bajo cero. Y bastante nieve. Por fin, un invierno de verdad. Ya los extrañaba. El problema es que los automóviles compactan la nieve y en muchas calles esto conduce a la formación de una capa de hielo. Andar así en bicicleta resulta peligrosón. Casi me caigo en tres ocasiones, una de ellas en una calle por la que pasa un tranvía. Pero de todos modos, ya los extrañaba.

Una vista del Bonn invernal. Atrás de la fuente del primer plano - esa estructura circular - está un paso a desnivel bajo las vías del tren que ahora ya casi no usamos pero que antes, cuando vivíamos en el barrio de Kessenich, nos era casi cotidiano. Lo que se ve hasta el fondo es parte del palacio Poppelsdorf, cuya construcción se inició como residencia de verano del príncipe elector Jospeh Clemens de Baviera (1671-1723) y terminado por el sobrino del mismo, el también príncipe elector Clemens August I de Baviera (1700-1761) en 1740. Desde 1808 pertenece a la universidad de Bonn. Ahora aloja varios institutos de la Universidad de Bonn, entre ellos el jardín botánico. Una mina aérea le dio en la madre durante un bombardeo aliado en 1944 y fue reconstruido de manera muy sobria allá por 1954 ó 1955.

La perpsectiva del lado opuesto: un prado - bueno, en verano ahí hay pastito - con un monumento a los bonnenses (¿cuál es el gentilicio en español?) ejecutados por el régimen nazi debido a que eran opositores al mismo. A la izquierda hay toda una serie de cafés, restaurantes y heladerías que, apenas calienta el sol, plagan la anchísima acera de ese lado con mesas y sillas que de inmediato son ocupadas por hordas de bonnenses ansiosos por asolearse. La edificación del fondo es el edificio principal de la universidad de Bonn, y que antiguamente fue la residencia citadina de los príncipes electores de Colonia. Fue terminado de construir en 1577, aunque fue remodelado varias veces, la última de ellas en 1777, luego de un incendio que prácticamente lo destruyó y fue reconstruido de manera mucho más modesta. Dejó de ser residencia de príncipes luego de la invasión de las tropas napoleónicas en 1799 y aloja la universidad desde 1818. Para variar, fue hecho talco en un bombardeo aliado en 1944 y reconstruido entre 1945 y 1951. Dato curioso: resulta que la residencia citadina (lugar de chamba) y la residencia de verano (para vacacionar) de los príncipes electores estaban nada más y nada menos que a un triste kilómetro de distancia.

Por acá quedan las tres tiendas en las que usualmente compramos los víveres. Cuando le tomaba la foto a este mono de nieve, se me acercó uno de los varios alcohólicos y borrachines que se reúnen a la derecha de la fuente que aloja al monigote, y me hizo plática. El chavo, de unos 25 años, contó muy orgulloso que "lo hicimos ayer con unos amigos", aprovechando que la nieve "era muy buena", porque "era masosa, pegajosa; no de esa nieve en polvo que nomás no pega". Le comenté que lo bueno es que con el frío que hace, el mono durará varios días. Esta observación le agradó al tipo, porque con todavía mayor animación me dijo que "cuando todos los demás hombres de nieve de Bonn se hayan derretido este seguirá ahí, porque con mis cuates lo rociamos con agua que pedimos en esa panadería para que se cubriera de hielo". Me retó a acercarme al mono y golpearlo con los nudillos "y verá que suena como si fuera de madera (sic)". El tipo, botella de cerveza en mano y aliento correspondiente, dijo que lo hicieron "para que los niños lo vean y digan ¡oh, qué bonito hombre de nieve!" porque "mire: tiene hasta su nariz de zanahoria, y boca y cejas, que hicimos muy bien con corcholatas de botellas de cerveza, ¿ya vio?." Ha de ser uno de los pocos monos de nieve alcohólicos del mundo.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Más de la olimpiada Dresde 2008. Comentarios al blog AxA, del M.I. Benjamín Góngora

Seguramente planea escribir más al respecto, pero supongo que Benjamín Góngora ya dio a conocer sufieciente información sobre su participación como seleccionado olímpico nacional en Dresde 2008 (cuatro mensajes) en el blog AxA como para darnos una impresión de cómo encaró el reto de representar al país en un evento de tal magnitud. Me concetraré en tres rubros: 1) la (auto)percepción de Benjamín como ajedrecista y su pertenencia al seleccionado olímpico nacional; consecuentemente 2) la manera en la que Benjamín parece comprender su papel dentro de la selección olímpica nacional y finalmente, 3) el tema del turismo olímpico.

Ámonos.

1) Veamos el primer post (Restrospectiva (I), 01.12.2008). Góngora escribe que la fiesta de apertura me pareció deslucida además de muy larga, sin embargo, el sentimiento de pertenencia, el orgullo de estar entre los mejores ajedrecistas del planeta -aunque muchos bellacos nos llamen turistas-, ser parte del mayor acontecimiento del ajedrez mundial, es una experiencia incomparable.

El "sentimiento de pertenencia", el "orgullo de estar entre los mejores ajedrecistas del planeta" que embarga a Benjamín, ¿significa que que él, Benjamín Góngora, está convencido de que pertenece, que está entre los mejores ajedrecistas del planeta? ¿O se referirá a la emoción de estar físicamente - estar parado en medio de, ir caminando entre- los mejores ajedrecistas del planeta? Supongo que se refiere a esta última opción. Porque el último párrafo del mismo post -Boleto de avión $1,000 USD; ver en persona a Judith Polgar, a Tatiana Kosintseva, a Artur Yusupov, a Victor Kortchnoi no tiene precio, para todo lo demás existe visa.- sólo puede ser escrito por alguien que sabe que por supuesto no es de los mejores del mundo. Estoy seguro de que Góngora está conciente de que no es muy probable que Kosintseva, Polgar, Korchnoi o Yusúpov hayan escrito en alguna parte "Boleto de avión $ 1000 USD; ver en persona a Benjamín Góngora no tiene precio, para todo lo demás existe visa".

Pero por otro lado, Benjamín parece sonar convencido de que, en efecto, su "orgullo de estar entre los mejores del mundo" es algo más que meramente un orgullo. En su cuarto post dedicado a la olimpiada (Retrospectiva (II), 03.12.2008) Benjamín describe lo que parece ser un espíritu pesimista enre los jugadores mexicanos antes del enfrentamiento con Grecia en la primera ronda: "Vamos contra Grecia, Góngora”, “tiene el 90% de probabilidad de que pierda”, “póngase sólido”, “coma pescado maestro, es lo que marcó el salto del neandertal (sic)”, “No vinimos a ganar la Olimpiada”… para a continuación demostrar que él, por el contrario, era dominado un gran optimismo (o, como se dice ahora en el insufrible lenguaje de manual de superación personal, de una mentalidad triunfadora): Me dije a mi mismo: “Mi mismo: No vine hasta Dresden para ponerme sólido, ni de vacaciones aunque pueda amedrentarme la expectativa. Vine por la medalla de oro”. Esa fue mi mentalidad todo el tiempo. Tal vez fue esta mentalidad -que, si en efecto fue así "todo el tiempo", resultó ser a prueba no sólo de comentarios derrotistas sino de la cruda realidad también- la que explica por qué Góngora muestra tal indiferencia hacia las necesidades del equipo y lo considera como simple marco para su marcha hacia la medalla de oro.

2) En efecto. Toquemos ahora el rubro del juego en equipo, la participación en una selección. En el mismo post (Restrospectiva II, 03.12.2008), que es por mucho el más rico en información y por ende el más interesante, Benjamín manifiesta su sorpresa ante la decisión de Rafael Espinosa de ceder el segundo tablero a Luis Fernando Ibarra, con los argumentos de que tiene un mejor repertorio de aperturas, tendría una mayor oportunidad de lograr una norma de GM y que además podría estar más motivado que él mismo. Góngora confiesa que está en desacuerdo, ya que en lo personal preferiría jugar en el primer tablero aunque perdiera todas la partidas -y luego me tiraran hasta con la cubeta llegando a casa-, pero claro que el hombre con experiencia es Rafael. En otras palabras, Benjamín Góngora se daría el gustazo de jugar en el primer tablero. Y al equipo que se lo coma un león ("aunque perdiera todas las partidas"). No mencionemos también que muestra poco interés por lo que puediera decirse a su regreso al país ("-y luego me tiraran hasta con la cubeta llegando a casa-")

Profundicemos este punto, que es revelador en grado sumo. Rafa Espinosa, al ceder el segundo tablero a Luis Fernando Ibarra Chami, habría demostrado a) un intento sincero por mejorar la cosecha de puntos del equipo (Ibarra Chami tendría un mejor repertorio; la motivación de Luis Fernando), b) una apreciación realista y desapasionada sobre su nivel en general o sobre su preparación concreta para esta olimpiada (el mismo argumento del repertorio), c) el apoyo a un jugador joven y prometedor dándole oportunidad de foguearse y luchar por una norma de GM (La motivación de Ibarra). Pero esta decisión de Espinosa, acepta Benjamín, "me sorprendió" aunque atempera: "... pero claro que el hombre con experiencia es Rafael". ¿Qué tanta experiencia se necesita para entender los motivos de Espinosa? El maestro internacional Rafael Emilio Espinosa Flores, nacido en 1965, jugó en Dresde 2008 su décima olimpiada, si los datos de los que dispongo son los correctos. ¿Significa esto que el maestro internacional Benjamín Góngora Montes necesita la experiencia de otras nueve olimpiadas - en el mejor de los casos, hasta la olimpiada de 2026 - para comprender el acto de Espinosa? Rafa Espinosa tiene unos 43 años; Góngora anda por los 32. ¿Entenderá o apreciará Góngora los motivos de Espinosa dentro de 11 años? ¿O Góngora no hubiera actuado así en su lugar, porque cree que tiene mejor repertorio de aperturas que Ibarra Chami y que és el y no Luis Fernando, jugador nacido en 1989 (12 años más joven que Benjamín), quien merece las oportunidades de lograr normas de gran maestro?

Más sobre el espíritu de equipo de Góngora. Me permitiré una cita in extenso, de los últimos párrafos del mismo post:

Son las 10 de la mañana del 17 de Noviembre. Gilberto me dice que no voy a jugar. Desayuno. Me preparo para ir a la ronda. Encuentro al Ing. Ferríz (sic) en la parada del tram.

-Ingeniero, sigo esperando que me diga contra quien juego.
-No va a jugar Góngora.

Es el primer descanso del equipo, ¿cuál es la estrategia? No hay una respuesta clara, vamos contra un equipo débil en teoría –Korea (sic) del Sur-.

Los peores resultados hasta el momento son el de Rafael y el mío 1.5 de 4, pero si jugamos los dos tenemos la oportunidad de ganar e ir al descanso por lo menos con el 50% de los puntos todos los integrantes del equipo. Todos felices y contentos.

Esto si me afligió mucho porque no entendí y sigo sin hacerlo ¿Cuál fue la estrategia de competencia del equipo? No me quejo por no haber jugado, acato la decisión tomada, me quejo de que no haya una justificación clara y objetiva. Esto fue algo que discutí con Raúl, con el Ing. Ferríz (sic) y con Jesús Casillas (candidato a ser capitán del equipo varonil), meses antes de salir hacia Dresden. Soy de la opinión de que el puesto de Capitán debe concursarse con fundamento en un proyecto de trabajo, previo, durante y posterior a la competencia.

Cuando Raúl me instó a definir a quién prefería de capitán, me incliné por el Ing. Ferríz (sic), es una persona a la que aprecio mucho y le admiro por su gran trayectoria dentro y fuera del ámbito ajedrecístico, pero su actuación como capitán del equipo me dejó muy mal sabor de boca.

A ver a ver. Góngora confía en jugar contra Corea del Sur. De ser así y entre otras cosas, él y Espinosa (hasta ese momento los dos peores resultados: 1.5 de 4 posibles) podrían ganar y alcanzar, en el peor de los casos, al resto de los integrantes del equipo con el 50% de los puntos, y "todos felices y contentos".

Escribí "y entre otras cosas" al inicio de la frase anterior porque tal vez Góngora tenga otras razones, aparte de que él en lo personal se vaya al día de descanso con la mitad de los puntos, por las que él debió haber jugado contra Corea del Sur. Pero no las menciona. Benjamín nos dice que la noticia de que no jugaba lo afligió, que no entendió entonces y sigue sin entender (por lo menos hasta el 3 de diciembre) la decisión del ingeniero Alfonso Ferriz Carrasquedo, capitán del equipo, de no alinearlo. Especifica que no se queja por no haber jugado, sino porque no hubo "justificación clara y objetiva" ("¿Cuál fue la estrategia de juego del equipo?" se pregunta Benjamín). Y se lanza a una explicación sobre porqué la actuación del inge Ferriz como capitán del equipo "me dejó un muy mal sabor de boca". Primero declara que "soy de la opinión de que el puesto de Capitán debe concursarse con fundamento en un proyecto de trabajo, previo, durante y posterior a la competencia." Inmediatamente después anota: "Cuando Raúl me instó a definir a quién prefería de capitán, me incliné por el Ing. Ferríz." Entonces, ¿Góngora fue coherente con sus propios principios y convicciones ("soy de la opinión...") y por eso prefirió al inge? ¿O acaso votó por el ingeniero Ferriz simplemente porque "es una persona a la que aprecio mucho y le admiro por su gran trayectoria dentro y fuera del ámbito ajedrecístico", sin preocuparse si tenía un proyecto de trabajo o no? Si Góngora fue consecuente con sus convicciones, entonces votó por el inge por su "proyecto de trabajo previo, durante y posterior a la competencia". Puesto que el ingeniero Ferriz Carrasquedo ya ha sido capitán olímpico en por lo menos otras dos olimpiadas (Calviá 2004, Turín 2006), Góngora, si así lo quiso, tuvo oportunidad de formarse una opinión sobre tal proyecto. Por el contrario, si Góngora prefirió al inge simplemente porque lo admira y aprecia, sin importarle si tiene el proyecto de trabajo famoso, entonces a) no es coherente con los principios que dice profesar y b) pues él solito se lo buscó.

Bromas aparte. Ya estamos enterados de que Góngora fue a Dresde a ganar la medalla de oro. ¿Será por eso que se imagina que "la estrategia de juego de equipo" que ni encontró entonces ni encuentra ahora tendría que contemplar forzosamente su participación en todos los matches de la selección? ¿Se hubiera preguntado "cuál fue la estrategia de juego de equipo" si el ingeniero Ferriz lo hubiera alineado contra Corea del Sur? No me gusta repetirlo (ya lo he escrito en este blog), pero Góngora fue el integrante de la selección mexicana que más partidas perdió, menos partidas ganó, menos puntos aportó, peor rating performance tuvo y consecuentemente el que más rating perdió. Cierto es que cuando se enteró de que no jugaba esto todavía no podía saberse, y por eso comprendo que escriba "no lo entendí". Pero ahora, cuando ya sabemos lo que pasó, no encuentro justificable que agregue "...y sigo sin entenderlo". Tal vez en inge, con su experiencia, lo vio venir. Y entonces el inge no requería de una "justificación" para no alinearlo. Al contrario, "justificación" es lo que requeriría ahora el inge si hubiera alineado a Góngora en más partidas.

3) Volvamos al penúltimo párrafo del post Retrospectiva (I). Escribe -aunque algunos bellacos nos llamen turistas- sólo para ilustrar su post con... una foto típica de turistas: un close up suyo con una calle nevada en segundo plano. Como creo que fui de aquellos bellacos, en cuanto vi su post me sentí aliviado. Pero me sentí totalmente reivindicado cuando vi el segundo y el cuarto posts dedicados a la olimpiada (Mi top 5 (02.12.2008) y El día libre (04.12.2008), respectivamente). Mujeres que le gustan y sus experiencias de turista en Praga, vaya vaya. El ya citado último párrafo (el de los precios) describe lo que vio con admiración ("no tiene precio"), mas no lo que hizo activamente, que sería batirse (¡y prepararse!) por la selección nacional. Esta frase ahonda la sensación de que su actitud y arrobamiento ante lo vivido, visto -y fotografiado- fue, precisamente, la de un turista.

Al inico del post El día libre, Góngora muestra su desacuerdo con la actitud de turista: Ante el rumor de que los GM clasificados al equipo olímpico no asistirían, alguien me dijo: -Ya estuve averiguando a donde puedo ir en los días libres si me tocara ir a la olimpiada-. Tras tres párrafos (que tampoco tienen desperdicio), expresa su incomprensión ante tal actitud: En el avión de ida a Dresden, un comentario recurrente era “el día libre vamos a ir a…” ¿cómo es posible pensar en eso cuando ni hemos llegado y se tienen cinco días consecutivos de competencia por delante?

Benjamín desaprueba, y con razón, "pensar en eso" cuando todavía ni se había llegado a Dresde y cuando por delante se tenían cinco rondas. Pero parece que "pensar en eso" luego de jugar cuatro partidas no le parece nada mal. Todo un post tenemos de su visita a Praga, que implicó un viaje en tren de cinco horas más o menos, más una estancia de otras cinco horas. Si salió de Dresde a las 11:10 am, según escribe, habrá regresado al hotel pasadas las 21:00 horas. No jugó al día siguiente, es cierto, pero ¿y si hubiera sido necesario? ¿si alguien hubiera amanecido con problemas estomacales, de presión, dolores de cabeza?

veamos qué escribe el inge Ferriz en su informe sobre la olimpiada de Turín 2006. Primero, durante el día de descanso:

Hoy fue día de descanso y espero que los que se nos fueron a Florencia no regresen demasiado cansados, pues el viaje de ida y vuelta es de mas de 8 horas. No quiero hacer más comentarios porque no puedo exigirles un profesionalismo como yo lo entiendo. Pero los Top Masters vienen a jugar y los descansos los aprovechan para descansar, por que crean que a estas alturas (No hemos llegado ni a la mitad de los juegos), estamos todos rendidos.

Y tras la ronda siguiente:

Paso (sic) lo que predecimos. 3.5 a 0.5 y sólo ganó la que no fue a Florencia. Juan Carlos González perdió un final que tal vez pudo haber ganado. eso es muy raro porque siento que el fuerte de Juan Carlos es precisamente el final. El GM Victor Bologan le ganó e igual le hicieron a Espinosa el GM Svetushin (sic) y a Willy el GM Sanduleac. Pepe González le ofreció tablas al GM Svetushin y se las aceptaron. Terrible.

A las muchachas también les va mal. Perdieron Yadira y Paulina y gano (sic) un final muy bien jugado Nelly.

Quiero subrayar estas frases del inge: "No quiero hacer más comentarios porque no puedo exigirles un profesionalismo como yo lo entiendo. Pero los Top Masters vienen a jugar y los descansos los aprovechan para descansar". Más claro ni el agua. Ah, pero Góngora iba por la medalla de oro. Y ahora veamos los tres párrafos que Góngora insertó entre sus descalificaciones a la actitud de turista:

En Aguascalientes se acaba de realizar el selectivo estatal para Olimpiada Nacional y clasificaron algunas jovencitas que no tienen ninguna experiencia en competencias, clasificaron porque no hubo más competencia. Ante el exhorto de la asociación estatal para que se preparen, o no asistirán al torneo regional, la respuesta fue: ellas ya se ganaron el viaje.

Cuando quedé en quinto lugar del Campeonato Nacional Absoluto 2008 supe que me ganaba $6,000.00 pesos, pero no un viaje, sino un derecho, un compromiso para competir por mi país y me preparé en consecuencia -aunque no fue suficiente-. Desafortunadamente, tenemos la cultura de que “ganamos el viaje”, de que el esfuerzo termina cuando se gana el nacional. Una representación nacional no es un premio, es la culminación del trabajo y el éxito deportivo de un atleta, un compromiso que obliga a quien lo adquiere a esforzarse al límite de sus posibilidades.

Lo hice y estoy orgulloso de mi mismo, aunque inconforme con el resultado de la competencia, lo que me motiva a esforzarme aun más, porque –saben- me he propuesto jugar la próxima olimpiada en Khanty-Mansiysk, Rusia 2010.

Benjamín, en su primer post dedicado a Dresde, Retrospectiva (I), escribe que antes de partir, el presidente de la federación pagó a cada integrante de la selección sus viáticos. Según nos confía Góngora, recibió doce mil pesos. En los tres párrafos arriba citados, escribe que su premio en el nacional absoluto consistió en seis mil pesos. Bien, entonces los doce mil pesos recibidos en el aeropuerto fueron en efecto viáticos por representar a México en la olimpiada y no algún premio atrasado. Entonces, si cobraron por representar a México, supongo que el inge Ferriz sí podía exigir a los seleccionados cierto profesionalismo. Otra cosa es que inge, por supuesto, no puede amarrar ni encerrar bajo llave en sus habitaciones a los seleccionados que ignoran sus exigencias, ya sean estas explícitas o implícitas. Góngora, si se informó sobre los candidatos a capitanear la selección, se habrá enterado de lo que el inge opina sobre semejantes escapadas turísticas, y sin embargo votó por el inge para capitán de la selección (punto que ya vimos). Y luego nos dice que está orgulloso de sí mismo. Creo que más orgulloso podría estar de sí mismo si se hubiera quedado en Dresde a prepararse y a descansar, porque en las siguientes cuatro rondas juntó 1 de 4, y eso que le ganó a un tipo de 2054, rating de primera fuerza.

El problema no es, hasta donde alcanzo a ver (sé que no estoy en el ajo y por eso tal vez Góngora sepa cosas que ignoro. Por otro lado, si ya nos anda con el chisme de que según él no hubo estrategia de juego para el equipo pues que nos suelte el chisme completito) el inge Ferriz, sino los jugadores que se dan golpes de pecho afirmando que van por la medalla de oro, que deploran la cultura de "'ganamos el viaje'" (aunque sean preclaros exponentes de la misma), que afirman que "una representación nacional no es un premio, es la culminación del trabajo y el éxito deportivo de un atleta, un compromiso que obliga a quien lo adquiere a esforzarse al límite de sus posibilidades" y a la primera se van de turistas a Praga. (por supuesto, no "pensó en eso" con anticipación; tal vez se le ocurrió esa misma mañana al darse cuenta de que, tras "esforzarse al límite de sus posiblidades" ante el tablero, le sobraban posiblidades que forzar yéndose a Chequia).

Una última pincelada al rubro sobre el turismo olímpico: caminé unas cinco horas desde el museo hasta el castillo, una breve estancia pero muy significativa. Cuando finalmente tome vacaciones y vaya a conocer Europa, volveré a Praga a disfrutar cada uno de sus incontables rincones, escribe Benjamín al final de su post El día libre. ¿Habrá tomado el día libre para buscar dónde pasará sus futuras vacaciones europeas? Que Marcel Sisniega entonces se ponga en contacto con él, porque parece que Benjamín posee aptitudes insospechadas para el scouting. Ya podemos desde ahora recrearnos con las arrebatadoras locaciones que veremos -ojalá pronto- en la próxima película de Sisniega.

En fin...